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RELATO "TOMY EL RATIGATO" en SALVADO POR UNA COLA

Cuento infantil de gatos y ratones Tomy El Ratigato Salvado por una cola
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Tomy el Ratigato Besteseller
El 16 de agosto del 2016, a 8 días de publicar el libro, ocupó el lugar 08 del TOP 100
en la categoría infantil, en Amazon Kindle.

Es un libro infantojuveadulto, que disfrutarán los padres, leyéndolo a sus hijos, pues hay un enfoque desde el punto de vista del niño, y otro diferente en el de los adultos, como sucede con el Principito y Juan Salvador Gaviota.

 
Primer libro de la saga
"Aventuras de Tomy El Ratigato"
publicado en Ebook en Amazon Kindle.


INTRODUCCION

Tomy El Ratigato (Salvado por una cola), de la autoría de Oscar Camino, y diseño de portada de Joel Basá, es el primer libro de una saga protagonizada por dos peculiares amigos, que ni son héroes, ni son villanos. Se podría decir que se caracterizan más como antihéroes, y su forma de sortear los peligros, se debe más a eventos fortuitos, que a sus particulares destrezas. No obstante, como los animales dependen más de sus instintos para sobrevivir, por una coincidencia oportuna, Tomy El Ratigato descubre o llega a creer, que su cola tiene poderes extraordinarios, y que puede librarlo de las más peligrosas situaciones en las que frecuentemente se ve involucrado.

Al Tomy El Ratigato, no tener parecido con los gatos ni los ratones, sino más bien una mezcla de ambos, se le hacía muy difícil ser aceptado en una comunidad. A pesar de eso y sin proponérselo, logra conquistar la amistad de un perro realengo que de flaco que era caminaba de lado, como si el viento se lo llevara, dando a la vez la sensación de que las patas traseras intentaban pasarle a las delanteras. Por eso, cuando se da esa situación, de las patas traseras casi alcanzar a las delanteras, el pobre perro, que ni nombre tenía, se enderezaba un momento para de inmediato pasar a caminar del otro lado, haciéndolo parecer una veleta a merced del viento.

Mira debajo los primeros capítulos.

  Canciones con Pistas que Tomy te Regala  
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Canciones
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  PRIMEROS CAPITULOS DE TOMY EL RATIGATO SALVADO POR UNA COLA

Dejo aquí los primeros 7 capítulos, de 25 que tiene el libro, pues me gustaría tener tu opinión, y tu colaboración si tienes facilidad para comprarlo, y sabes comprar en amazon. El costo es de 2.99 y puedes adquirirlo aquí: CONSIGUELO DANDO CLICK

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TOMY EL RATIGATO
(Salvado por una cola)


01. El Nacimiento de Tomy


Al Tomy nacer, siendo el último de siete hermanos que vieron la luz el mismo día, inmediatamente fue rechazado por su madre; y cuantas veces él intentaba acercarse, obedeciendo a su instinto natural de querer alimentarse, esta le daba un zarpazo en la cara y lo alejaba nuevamente.

La actitud de la gatuna madre no era para menos, ya que Tomy tenía el aspecto de ser mitad ratón y mitad gato, un extraño fenómeno al parecer ocasionado por la mordedura que una rata le dio a su madre, cosa que parecería asombrosa, de no ser por la referencia de otros casos similares, como los del Hombre Araña y Batman, mordidos respectivamente por una araña y un murciélago, siendo influidos genéticamente por estos, para adquirir habilidades que pusieron al servicio del bien, y los convirtieron en superhéroes.

En el caso de Tomy, ni se convirtió en Super Ratón ni en Super Gato, sino en un horripilante Ratigato, que no encajaba entre los gatos, ni entre los ratones, a los cuales quiso unirse luego de ser rechazado por su madre.


02. Su primer beso



Lo que sucedió con los ratones fue, que luego de Tomy sentirse humillado por su madre, y hasta por sus hermanitos, los cuales ya desde su nacimiento lucían altaneros, quizás por ser hijos de una gata siamés, con suma tristeza y acongojado, no le quedó más remedio que alejarse como pudo del lugar, una suntuosa mansión donde residía su madre, ubicada en las afuera de la ciudad, donde los linderos entre una casa y otra estaban distanciados por más de 200 metros.

Así iba Tomy, cabizbajo, recorriendo la larga calle que lo conduciría a sus primeras aventuras… Luego de dificultosamente caminar unos 100 metros, El Ratigato visualizó algo que brillaba a la orilla del camino, y decidió acercarse, para descubrir que se trataba de un estanque que tenía el parecido a una larga piscina, y al ver por primera vez el agua, su instinto animal y el hambre que sentía le indicó que la podía consumir, así que se acercó hasta el borde, pero cuando fue a beber, un horripilante rostro pareció surgir del charco, por lo que apresuradamente y asustado, se retiró varios metros.

Tomy era muy joven para hacer análisis, pero no pudo dejar de notar que, a la vez que él rechazaba el encuentro con aquel animal, al parecer de procedencia marina, este pareció hacer lo mismo. Cuando al fin se repuso del susto, se acercó nuevamente de forma sigilosa, para entonces descubrir que aquella horrible y extraña criatura, primera que veía después de la experiencia que tuvo con su madre y sus hermanitos, al igual que él, lo que parecía era sentir curiosidad, e imitaba todos sus movimientos, así que no esperó más, dirigió su hocico al agua del estanque y, mientras tomaba el preciado líquido, sintió el beso de aquel otro animal, que no era más que su reflejo.


03. Encuentro con los ratones


Luego de saciar en parte sus necesidades fisiológicas, tomó nuevamente el medio de la calle, descubriendo más adelante un montón de basura donde varios ratones hurgaban en busca de comida. Cuando Tomy los vio, en nada se sorprendió, ya que tenían la misma cara que él había visto reflejada en el estanque. De repente el Ratigato pareció reaccionar, dio la vuelta con la rapidez que pudo, y nuevamente marchó hacia el estanque, donde al llegar pudo comprender que ese horrible rostro que vio en el agua era su propio rostro.

Emocionado apresuró sus pasos en dirección a los ratones. El no entendía como había llegado al lugar donde por primera vez vio la luz y conoció la agresiva gata que por poco lo mata, pero ya empezaba a entender porque había sido rechazado: él pertenecía a otra familia, a la que ahora se dirigía a presentarse y a unirse a ellos. Iba feliz, casi cantando y casi sonriendo, y se podría decir que hasta casi corriendo, pero él sentía que volaba.

Cuando los ratones lo alcanzaron a ver, todos dejaron lo que estaban haciendo y se agruparon. A Tomy le pareció que se reunían a recibirlo, pero tan pronto estuvo cerca de ellos, lo atacaron sorpresivamente. Tomy quería decirle… ¡gritarle! que él era de la familia, pero no había ido a la escuela cinematográfica de Walt Disney, donde enseñan fonéticas a los animales, así que sólo le salió un lastimoso ratimaullido que confundió a los ratones, quienes de inmediato se retiraron en diferentes direcciones, fuera de la vista del estropeado Ratigato.


04. Salvado por una cola



Sobrepasada la sorpresa, los ratones nuevamente se agruparon. Tomy, muy confundido, tal vez pensó que esa era una forma tradicional de recibir a la familia, pero al ver los rostros de agresividad que habían puesto, empezó a imaginarse que su final estaba por llegar, así que por primera vez, de forma instintiva, pero sin saber por qué, empezó a mover su abultada cola de gato siames. De repente los ratones parecieron desistir de sus malsanos propósitos, y quedaron momentáneamente paralizados, hasta que uno de ellos emprendió una loca carrera en sentido contrario a Tomy El Ratigato, siendo seguido de inmediato por todos los demás, los cuales iban dispersándose en la medida que corrían aterrorizados. Al Tomy ver que huían, pensó que su cola le había causado terror, así que envalentonado corrió detrás de ellos, erizando su cola y emitiendo sus ratimaullidos que quizás intentaban decir: “¡No huyan… cobardes!”

En su carrera detrás de los ratones, que ya lo habían dejado bastante rezagado, al igual que cuando se dirigió a ellos por primera vez, iba feliz, casi cantando, casi sonriendo, y corriendo por primera vez en una extrañísima carrera, pues al principio inició con las 4 patas tocando alternadamente el suelo, pero cuando fue tomando velocidad, como las patas delanteras eran mucho más pequeñas, no pudieron seguir el mismo ritmo, así que se elevaron en el aire como caballo encabritado, o como bicicleta en una rueda, y le dejaron todo el trabajo a las patas traseras.

A pocos segundos de Tomy iniciar su emocionante carrera, dejó de pensar que estaba corriendo, y nuevamente sintió que se elevaba y volaba, pero en realidad, aunque seguía moviendo sus patas traseras, no corría ni estaba volando, pero sí estaba en el aire con los ojos entrecerrados por la brisa, ya que un enorme guaraguao lo había tomado entre sus garras y, con el sopor de las alturas, él ni cuenta se daba. Sobre todo porque había quedado medio aturdido por la presión del impacto, cuando el guaraguao cayó sobre él para capturarlo, y las uñas se clavaron en su indefenso cuerpecito. Él, sin embargo, hasta el último momento, antes de perder por completo los sentidos, con sus pequeñas patas extendidas movía su cola y sonreía feliz, porque en su ignorancia (comprendida por nosotros), seguía creyendo que volaba.

De esta ingratiratigatuna forma, el destino de Tomy parecía que llegaba a su fin, pues había sido invitado a un banquete donde él sería la comida.

05. Golpes de suerte

El guaraguao de esta historia, había dado caza a muchos de los conejos de crianzas de una granja que estaba al otro lado del estanque, la cual en este momento cruzaba volando con el Ratigato, cuando repentinamente sonó un disparo, y un proyectil le arrancó varias plumas del ala izquierda. Perdido el control de vuelo, el guaraguao (aunque no cayó) se vio obligado a soltar al Ratigato, yendo este a parar al reservorio, hecho para que tomaran agua las ovejas que eran propiedad del granjero que realizó el disparo.

El granjero, quien a pesar de su buen tiro, era medio cegato, le pareció ver que el guaraguao escapaba, pero también le pareció verlo caer, último pensar al cual hizo caso, cuando cuatro segundos después escuchó algo golpear el agua muy cerca de la orilla, donde solo tuvo que mojarse hasta las rodillas para echarle mano al Ratigato.

De este modo, en estado inconsciente lo sacó del estanque, sin percatarse por su ceguera, y porque el Ratigato estaba empapado, de que este no era el guaraguao. Así, con el rifle al hombro y el Ratigato tomado de las patas traseras, colgando de cabeza y balanceándose, enfiló sus pasos en dirección a la granja, la cual estaba a unos ochocientos metros del lugar.

Al cruzar el portal, colocó al Ratigato en el suelo del patio, se acercó a la casa, y profirió con voz de contento: “¡Mujer… maté al guaraguao!”

La mujer del granjero se asomó a la ventana y le dijo: “Hay Rufino, no venga otra vez con el mismo cuento. Te he dicho que tienes que ir al oculista”

“Pero mujer…” Intentó explicar el granjero, mientras le hacía seña con una mano, siendo interrumpido por ella, que agregó: “No digas nada, Rufino, ya lo has matado tres veces, pero luego el bendito guaraguao siempre regresa a comerse los conejos. Lo que tienes que hacer es lo que te digo, Rufiiiino…, ve al oculista, si quieres darle caza al guaraguao”

Rufino, que se había distraído escuchando los sermones de su mujer, decididamente dio la vuelta para ir a buscar el guaraguao y arrojárselo en la cara, pero cuando llegó al lugar, había desaparecido. Lo había creído muerto, pero aunque no lo estuviera, no podía estar muy lejos, así que empezó a buscar en los alrededores…

Cuando ya casi descubría al Ratigato, que él había confundido con el guaraguao, y que había logrado esconderse detrás de unos arbustos, a los cuales pudo llegar arrastrándose, un graznido procedente desde el cielo lo hizo levantar la vista. Allá en las alturas, con vuelos erráticos en círculos y semicírculos, el guaraguao parecía burlarse de él. Apesadumbrado volvió sobre sus pasos, y al llegar a la puerta de la casa, sólo acertó a decirle a su mujer: “No te rías mujer, pero el guaraguao escapó de nuevo”

“Jaaa, jah, jah, jah… Jaaa, jah, jah, jah. Que no me ría, Rufino. ¿Y qué quieres que haga, si siempre vienes con la misma historia? Veeete al oculista Rufino, vete al oculiiista”

Lo que en realidad había sucedido, fue que el Ratigato, a pesar de todos los males que parecían perseguirlo, había tenido una secuencia de golpes de suerte, pues luego del guaraguao salvarlo de los ratones (cosa que no era su intención), el granjero lo salvó del guaraguao con su certero disparo, y también lo salvó de morir ahogado. Las garras del enorme guaraguao casi no lo lastimaron, porque la intención del guaraguao era llevarlo vivo a su nido, para que los guaraguaitos hijos de él y su pareja se entrenaran en el aprendizaje de las descuartizaciones, antes de enseñarlos a volar, para que ellos mismos buscaran su comida. Por otro lado, cuando el granjero sacó a Tomy del agua, ya él empezaba a recobrar el conocimiento, y al ver lo grande y furioso que se veía, por instinto, prefirió hacerse el muerto.

Paradójicamente, el guaraguao que casi lo mata, le salvó la vida por segunda vez, cuando le descubrió su presencia al granjero que, de haberlo encontrado, también lo habría matado, ya que los ratones y gatos de igual forma resultaban un azote para las crías de los conejos.

06. La madre adoptiva

A pesar de Tomy sentirse extremadamente débil, luego de tan peligrosa aventura, sus patas, de las cuales ya sabemos que las delanteras eran mucho más cortas que las traseras, trabajosamente lo condujeron a un callejón de un viejo casón de madera, donde encontró una perra sin hogar que hacía muy poco tiempo había parido a tres perritos natimuertos, a los cuales lamía e intentaba reanimar entre lastimeros quejidos.

Al ver a Tomy con su extraña figura, la perra se quedó perpleja por varios segundos, y luego quiso levantarse, pero no pudo. Tomy, algo temeroso, adelantó unos pasos curioseando, y cuando estuvo lo suficientemente cerca, la perra empezó a olfatearlo, pero ¡de repente lo agarró entre sus dientes! ¡Parecía que iba a devorarlo!, pero algo sorprendente sucedió: la alicaída cuadrúpeda lo depositó cerca de su vientre para que se amamantara, cosa que el Ratigato hizo con avidez.

Al parecer, el instinto maternal de aquella perra sin hogar, cuyos hijos nacieron muertos, la llevó a tomar en adopción a Tomy, sin importarle que su rostro y patas delanteras tuvieran el parecido de un ratón, mientras que del tórax hacía atrás pareciera un gato montuno, siendo la cola, el único parecido con su madre.

Al día siguiente, por pura intuición tal vez, Tomy El Ratigato, trabajosamente arrastró uno a uno a los tres perritos natimuertos, hasta sacarlos fuera del callejón, y dejarlos en una hondonada al cruzar la calle, donde malamente los cubrió con algunas ramas, hojas y arena, la cual propulsó con sus patas traseras.

Por alrededor de una semana, la madre adoptiva estuvo amamantando al Ratigato pero, sin fuerzas para ella misma levantarse a procurar su propio alimento, su vida se iba paulatinamente apagando sin que nadie percibiera la presencia de estos dos seres unidos por la circunstancia, ya que aquel callejón a donde ella había llegado deambulando pertenecía a una casa a la orilla del bosque, la cual estaba desocupada desde hacía mucho tiempo, con un letrero en la parte frontal que decía: “Se vende”. Siendo esta parte muy poco transitada, nadie se había percatado del drama que estaba aconteciendo en aquel lugar, donde la vivienda más cercana era donde había nacido el Ratigato; mientras que la siguiente más cercana era la del granjero, al otro lado del estanque.

Al cabo de algunos días, el Ratigato se había repuesto de las pequeñas lesiones, y la leche de la perra, de la cual sólo él se alimentaba, resultó muy nutritiva, por lo que lucía muy fortalecido, mientras el amor maternal por su hijo adoptivo, milagrosamente mantenía con vida a la pobre perra, la cual parecía sonreír con la lengua afuera, cada vez que alimentaba al Ratigato. No obstante, en algún momento, este alimento tan importante para Tomy, llegaría a su fin, pues la adoptiva madre no había comido nada en mucho tiempo, apenas podía levantar la cabeza, y el preciado alimento que ella producía empezaba a disminuir. Parecía que era cuestión de algunos días, o tal vez horas, para que la noble perra llegara a su fin.

En ese transcurrir, el Ratigato había tomado confianza de la zona y, a pesar de los malos recuerdos, exploraba los alrededores, aunque sin distanciarse demasiado del lugar donde sentía que estaba protegido. Cuando dormía, en sus sueños se reproducía el rechazo de su verdadera madre, el ataque de los ratones y el rostro furioso del granjero que lo había confundido con un guaraguao. Al guaraguao no lo veía en sus sueños, porque ni siquiera se percató de que había sido atrapado por él, y siempre creyó que estuvo volando, aunque todavía no se explicaba cómo terminó en el estanque, y luego en las manos del granjero.

Durante sus cortos recorridos, ya Tomy reconocía a todas las especies del lugar, incluyendo plantas, flores, insectos y pequeños animales, como ardillas y lagartos, que al él querer acercárseles para jugar con ellos, estos se alejaban, pues desconocían la naturaleza del Ratigato.

07. Un perro diabólico

Al sexto día, Tomy se entretenía corriendo y saltando, detrás de una gigantesca mariposa de hermosísimos colores, que mostraba un rostro dibujado por la madre naturaleza en su espalda. La mariposa parecía seguirle el juego al Ratigato, ya que salía del callejón, con su vuelo errático, se posaba en la cerca de la casa, y volaba nuevamente hacía la calle.

El Ratigato estaba tan distraído con su retozo, que no se percató de que un enorme perro callejero, con cara de asesino venía caminando a lo largo de la calle. El perro tampoco lo había visto a él, ya que en ese momento Tomy estaba observando a la mariposa, la cual se había posado en el tronco de un árbol, a una altura suficiente como para que el Ratigato no la alcanzara con los saltos que daba. El perro, que venía con la lengua afuera, y chorreando una pegajosa baba que parecía clara de huevo, lucía en extremo rabioso, ya que había estado persiguiendo a otro perro mucho más pequeño que él, y este se le había escapado, burlándolo con ágiles movimientos cada vez que creía tenerlo acorralado.

La mariposa voló nuevamente en dirección al callejón, desde el otro lado de la calle, y Tomy corrió detrás de ella. Fue en ese preciso momento, cuando el enorme perro, de un negro pardo y corto pelaje, al cual se le veían diversas cicatrices en su cuerpo, descubrió su presencia, y de inmediato asumió una pose de acechanza. Al llegar al borde de la cerca se dio cuenta de que el callejón no tenía salida, por lo que, luego de un rápido cálculo, emprendió una vigorosa carrera con la intención de atrapar al Ratigato, el cual se encontraba descuidado observando a la mariposa que se había posado en la nariz de la moribunda perra, la cual sólo atinó a ponerse bizca.

Ya el malévolo perro estaba a unos diez pasos de Tomy, cuando la mariposa volvió a volar. Fue el momento en que el Ratigato, al dar la vuelta, vio el perro que ya se abalanzaba sobre él...

Nota del autor: A partir de aquí es que comienza el principal drama
que transcurre durante otros 18 emocionantes capítulos.

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